El pan y el agua El pan, que alguna vez fue trigo; y el agua, que alguna vez fue lluvia, son benditos por Dios una vez más para cumplir otra misión: La de ser el símbolo de su Creador. Alguna vez Él mismo, el Dios, el Cristo, habló del agua de vida, navegó en el agua con sus apóstoles, caminó sobre ella y cuando en su agonía la solicitó, le fue negada. Agua salió de su herida abierta a su costado y con agua cubrió la iniquidad del mundo. El pan, ese elemento que calma el hambre de todo ser, ese emblema de tenerlo todo si se lo gana. El Cristo partió el pan en la última cena y lo dio a sus discípulos, alimentó a la multitud, pero les enseñó a buscar el pan de vida que consistía en vivir con cada una de sus palabras. Él habló de los panes sin levadura del trigo y de la cizaña y a dio a Judas el pan embebido y éste saliendo fue por treinta monedas que nunca llegó a gastar. Durante la Santa Cena de cada domingo hay otra reunión además de hombres, mujeres y niños, sentados cantando el himno o reclinados en solemne reverencia. Existe una reunión de pequeñas inteligencias que se regocijan por poder cumplir con la medida de su creación es esta su asignación de ser sacrificadas y entrar en el templo del espíritu que es el
hombre en esa sencilla forma de pan y agua. Las pequeñas inteligencias como el oxígeno, hidrógeno, por parte del agua y las que componen el pan, que son varias, todas ellas se regocijan por ser en esta ocasión nada menos que la Sangre y el Cuerpo del Padre y del Hijo. Padecimiento Pareciera ser que por similitud el infierno, el fuego y el azufre son lo peor que puede sufrir cualquier ser humano. En la palabra fuego encontramos que hay horror y padecimiento más que cualquier otro flagelo; y en el azufre gasificado y penetrante vemos que la respiración se hace insoportable. ¿Hay sufrimiento más patético que este?, el estar quemándose sin poder tomar aire ni para gritar de dolor. Más sobre expiación 14-03-99 El decreto de que el hombre debía morir tanto en cuerpo como en espíritu, se había promulgado y debía cumplirse. Lo había hablado el Dios Todopoderoso, era una ley y fue decretado en forma irrevocable como todo lo que sale de la boca de un Dios. Ahora, el creador, Cristo, también un Dios-Verbo y que por Él todas las cosas fueron hechas, debía rescatar esas luces que eran suyas porque esa era una parte del plan: llevar a cabo la Inmortalidad y la Vida Eterna del Alma. Y, cómo se podría llevar a cabo esto?. Había que hacer esto sin dejar de hacer aquello. Había que rescatar a las almas, pero sin traspasar la ley. Es como si dijéramos que tendríamos que hachar el árbol sin dañar su corteza. De esta forma y en estas condiciones, el hombre no podía hacer absolutamente nada por salvarse de esas dos muertes, aunque hiciera todos los méritos por lograrlo. Visto desde este punto de vista, era injusto que el hombre viviera cumpliendo un solo mandamiento y que no se tuviera esta obediencia básica en cuenta en los cielos, por lo que al final el resultado era muerte. El hombre desde que nace tiene en sí la semilla de un Dios, porque puede discernir entre el bien y el mal gracias a la Luz de Cristo. Entonces era imperiosa la necesidad de que se diera la oportunidad de que se salve el hombre merced a esa licencia que se dio a Satanás para tentar al hombre por la carne. Por otra parte si Dios como Dios rescatara al hombre con el solo hecho de ser Todopoderoso, Satanás tendría derecho a protestar ante el concilio, porque se habría violado una ley. No, la salvación debía llevarse a cabo, la ley no debía ser quebrantada y ya que el hombre había caído, había que rescatarlo limpiamente, y la única manera era: pagando el precio del pecado para que la justicia tenga lo suyo. Ahora bien, la única forma era que alguien viviera y pasara todas las experiencias de este mundo en la carne, debía existir la experiencia de haberlo vivido, alguien que además tuviera el poder de obligar a la materia para que se sometaa todo, vivirlo como hombre y sufrirlo como hombre, en un grado muy por encima de la capacidad humana, para que toda la materia viva del universo, le sea atada y le obedezca ya que el cuerpo, cuerpo de Jesucristo, hecho de lo mismo que el nuestro, de calcio, fibra, fósforo, etc., todos los componentes de la tierra; al ser de naturaleza carnal, peleó la batalla de la adversidad en su máxima expresión y Él, habiendo sido Dios, se sometió a todo por lo que subió por encima de todos y llegó a ser primicia.
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