Paradojas
¡Hola! -Se escuchó- y el científico volvió extrañado su rostro hacia aquello que había estado examinando toda la noche. Pensó que solo era su imaginación y se quitó los anteojos para pasar sus dedos suavemente sobre sus párpados. Pensó que debía descansar algunas horas. Cuando estaba por levantarse de su banquillo, escucho nuevamente, -¡Hey!, estás allí?-. no podía ser que eso que estaba sobre la
mesa de trabajo, y desde donde provenía la voz, hablara, era un elemento sin vida, metálico, diminuto. ¡¡Esto no era real!!, pensó como científico; para emitir sonidos debe existir pulmones, aire, cuerdas vocales, vida e inteligencia y… además saber su idioma.
¡Qué extraño!, no podía creer, estaba solo en ese laboratorio y le atribuyó al cansancio, esa broma que le estaba jugando su mente.
Muy convencido esta vez y sonriendo con sobradía, se paró de su incómoda posición y se dirigió a la puerta para irse a su casa. En esto estaba y con su abrigo ya en mano escuchó por tercera vez: -¡Denis!, ¿aun no te haz ido? ¿estás allí?.
Sorprendido, serio y con paso vacilante, se acercó al sitio donde aun estaba, sobre la mesa, ese extraño objeto. Desde allí había salido una voz y esta vez… lo nombraba a él!!!!. Levantó rápidamente de la mesa el artefacto parlante y observó que no había ningún hueco en la madera, miró por debajo, revisó la habitación contigua y ¡nada!.
Luego miró su mano y bajándola muy lentamente, volvió a colocarla sobre la mesa y con un pequeño destornillador procedió a tratar de desarmarla completamente. Entonces fue que de repente apareció, detrás de la puerta, Peeters, su joven ayudante, con un libro abierto en sus manos, ¡No! -gritó al científico- Esa cajita contiene píldoras para mi madre que mandó mi hermano desde Europa. ¡Peeters!, puedes explicarme qué clase de broma es esta? -le increpó el científico, y agregó- Y dime, ¿cómo hiciste para que tu cajita hablara?. ¡Ventriloquia, profesor, ventriloquia!. Ventriloquia?, -respondió el atónito hombrecillo- Si!!, de otro modo, ¿cómo piensa que podría emitir una voz y una frase, una simple cajita del tamaño de un jabón?.¡Cierto!, ¡Muy cierto!, ¡es imposible! -se calmó el anciano y tirándole graciosamente el cabello dijo: ¡Vámonos!, debemos estar temprano en nuestras casas ya que esta noche, no solo es fin de año, sino que finaliza además, el siglo dieciocho. ¡Buen susto me diste jovencito!!, ¡Una cajita que habla!!, ¡jajajajaja!!...
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