Si el nombre de Emile Zola sobrevive, no es tanto por su literatura como su dedicación a la denuncia. En
Germinal
conviven todos los vicios y las
virtudes del autor, cuyo estilo abrumador anula en parte la carga crítica de la novela. Sin embargo, entre las virtudes, la vitalidad y potencia de algunos pasajes (como el casi descuartizamiento del almacenero que canjea sexo por comida) son de una contundencia indiscutibles, o las reflexiones de Ettiene, el protagonista. Para el que esté interesado en leerlo, hay un pasaje que explica muy bien la crisis económica que estamos viviendo (tengáse en cuenta que
Germinal se escribió en 1885 aproximadamente); y si cree que la novela se anticipó a su tiempo, error: es sólo que el hombre sigue siendo el mismo inútil y corrompido animal de siempre.