El autor de este trabajo recibió el premio Nobel en 1927. Sus opiniones se hicieron inusualmente populares a principios del siglo veinte. Sin embargo, como la moda pasa, también pasó para Bergson. Además, ¿quién lee a los filósofos hoy en día? Henri Bergson mostró su punto de vista sobre la evolución en su Evolución Creativa. Según él, la evolución no es una línea recta sino que hay muchas rutas y algunas veces caminos ciegos, en los cuales la naturaleza se ha confundido porque no hay opción en éstos. Pero sólo el impulso vital mueve los organismos vivientes-quién sabe a dónde-. De acuerdo a Bergson, la evolución tomó dos direcciones: el desarrollo del intelecto y el instinto, como si la naturaleza tuviera que dividir estos dos géneros porque ambos no pudieran coexistir. Por una parte está la cumbre del instinto compuesta por los insectos y su organización social por ejemplo las hormigas, y por otra, la cima del desarrollo del intelecto que obviamente es la mente humana, ¿no es cierto? De paso hemos perdido el instinto y nos hemos empobrecido en experiencias. La inteligencia humana sólo puede captar la vida y sus manifiestaciones externamente. Pero ya no podemos sentir la vida interior (de todas maneras no mucha gente puede percibir internamente). En realidad, lo que vemos no es la totalidad sino fragmentos. El hombre puede utilizar la inteligencia para sobrevivir y subyugar la realidad -para la actividad, la fabricación de artículos y la exploración de la naturaleza inorgánica-. Al explorar su medio ambiente, el hombre se apresura a cortarlo, fragmentarlo y descomponerlo. Estoy de acuerdo con Bergson. Tal vez los adultos ya no nos fijamos en esto, pero observen a un niño cuando consigue un juguete nuevo –él tiene que destornillarlo, investigar cada pieza, cada tornillo-. De esta manera el hombre percibe los objetos que le rodean, como partes aisladas y no enteramente. Esta totalidad que contemplamos es sólo intuitiva pero está declinando para nosotros o la tratamos con desdeño, peculiarmente en la era del intelecto y el desarrollo técnico del pensamiento. ¡No hay lugar para presentimientos tontos! Los científicos y toda la ciencia son arrogantes. Se consideran omniscientes. A la vez, ellos contemplan sólo compuestos aislados, partes y secciones de la realidad y los confinan en fórmulas matemáticas y leyes físicas. Sin embargo, el mundo no es una máquina. Aún si los científicos establecen un esquema de operación de un sistema aislado, ésto no significa que conocen por completo la verdad de la totalidad, porque la naturaleza y la evolución no se someten al juicio humano. La evolución no funciona de acuerdo a leyes que la gente podría convertir en números. La evolución es creativa. No podemos anticipar el futuro y el curso de su desarrollo –no sabemos a dónde apunta ni qué forma asume-. Sólo los artistas son capaces de comprenderla. Unicamente los artistas crean cosas imprevistas, inverosímiles, incomparables, que los científicos no pueden medir ni contar. Es imposibles expresar estas cosas por medio del lenguaje trivial usualmente empleado por nosotros. Ellos (los artistas) están más cerca del conocimiento de los secretos de la creación de la naturaleza. El hombre tiene una mente defectuosa que mira el mundo en formas geométricas como sólidos, líneas y sectores. Disponemos de las palabras pero el lenguaje no puede describir exactamente la realidad. No somos capaces de percibir la mutabilidad y la continua transformación. Nuestro lenguaje no tiene las palabras que puedan expresar esta ininterrumpida variabilidad. La evolución según Bergson cree en ésto, en un impulso continuo, el impulso vital. La mente miserable del hombre no puede entenderlo aunque nos jactamos de ella. Pero de todas formas, nunca somos los mismos, nunca pensamos igual. Si estamos pensando, en ese momento nos enriquecemos con algo que habíamos pensado antes. Si estamos haciendo algo, nos hacemos más ricos en cuanto a experiencias pasadas. Entonces, ¿es la mente humana un beneficio o una abominación?
More summaries about the Evolución Creativa