La acción política se da gracias a los agentes que forman parte del
mundo social, porque tienen un conocimiento sobre él
y se puede actuar sobre ese
mundo social actuando sobre ese conocimiento; por la orientación de esta “acción” es producir, imponer representaciones (mentales, verbales, gráficas, teatrales) de ese mundo social; por las representaciones que sean capaces de hacer o deshacer grupos y las acciones colectivas que los agentes emprendan para transformar el mundo social según sus intereses; por destruir las representaciones que se hacen del mundo social los agentes.
El trabajo político de representación lleva a la objetividad de un discurso público o de una práctica ejemplar, una manera de ver y de vivir el mundo social; permite a los agentes descubrirse propiedades comunes más allá de la diversidad de situaciones particulares que aíslan, dividen, desmovilizan y construye su identidad social sobre la base de experiencias.
La política en las relaciones del orden social permanece por el hecho de imponer esquemas de clasificación, que supeditadas a clasificaciones objetivas, producen un cierto reconocimiento de sí mismo, aquél que desconoce el carácter arbitrario de sus fundamentos. La relación entre las divisiones objetivas y los esquemas clasificatorios, entre las estructuras objetivas y las mentales, es en un principio una forma de adhesión al orden establecido. La política presupone una subversión cognitiva, una conversión de la visión del mundo gracias a esta relación. Pero en el orden establecido y las representaciones que genera en los agentes hay una ruptura absurda, que supone el encuentro entre el discurso crítico y una crisis objetiva, capaz de romper la concordancia inmediata entre las estructuras incorporadas y las estructuras objetivas de las cuales ellas son un producto, y de instituir un tipo de suspensión práctica de la adhesión primera al orden establecido. La subversión herética explota la posibilidad de cambiar el mundo social cambiando la representación de sí mismo, que contribuye a su realidad oponiendo una pre – visión paradójica que aprehende el mundo social como mundo natural. La pre – visión política contribuye a la realidad de lo que ella anuncia por el hecho de preverlo, de hacerlo prever, de volverlo concebible y sobre todo creíble. Y crear así la representación y la voluntad colectivas que puedan contribuir a producirlo.
El discurso herético contribuye a romper la adhesión al mundo del sentido común profesando la ruptura con el orden ordinario; contribuye a producir un nuevo sentido común y hacerle entrar las prácticas y las experiencias tácitas o inhibidas por todo un grupo. Su eficacia no reside en la magia de una fuerza inmanente del lenguaje. Se cumple el proceso dialéctico en cada uno de los agentes que lo integran o en el trabajo de dramatización (nombra lo innombrable).
El paso del estado de grupo práctico al estado de grupo instituido supone la construcción de un principio de clasificación capaz de producir el conjunto de las propiedades distintivas que son características del conjunto de miembros de ese grupo y de anular, al mismo tiempo, el conjunto de propiedades no pertinentes que una parte o la totalidad de sus miembros poseen bajo otros títulos y que podrían servir de base a otras construcciones: Dan lugar a una lucha para la imposición del principio legítimo de construcción de grupos y no hay distribución de propiedades (sexo, edad, instrucción o riqueza) que no puedan servir de base a divisiones y luchas políticas; la construcción de grupos dominados sobre la base de alguna diferencia es inseparable de la demolición de grupos establecidos sobre la base de propiedades genéricas; la lucha entre las clases es una lucha revolucionaria, orientada a trastocar el orden establecido, o una lucha de concurrencia en la cual los dominados se esfuerzan por apropiarse de las propiedades de los dominantes.
Los dominados: Son menos aptos para operar la revolución simbólica que es la condición de la reapropiación de la identidad social; los define una conciencia más débil de propiedades positivas o negativas: los subproletarios y los campesinos proletarizados se comprometen con los discursos y las acciones destinadas a subvertir el orden del cual ellos son víctimas; el mundo económico y social ejerce una acción de un efecto de conocimiento, efecto que, en el caso de los dominados, no favorece a la acción política.
Los dominantes: Se esfuerzan en producir un discurso reaccional al sustituto de todo lo que amenaza la existencia del discurso herético; se esfuerzan por imponer universalmente el sentimiento de evidencia y de necesidad que el mundo social les impone; trabajan para poder anular la política con un discurso despolitizado, producido por una neutralización o denegación que se orienta a restaurar el estado de inocencia originario de la doxa y toma siempre el lenguaje de lo natural.
El lenguaje político se caracteriza por la retórica de la imparcialidad, marcada por los efectos de simetría, de equilibrio, de justo medio; sostenida por un ethos de la conveniencia y de la decencia, marcada por la evitación o prevención de las formas más violentas de la polémica; esta estrategia de la neutralidad (ética) encuentra su cumplimiento natural en la retórica de la cientificidad.
La lucha entre la ortodoxia y la heterodoxia, cuyo lugar es el campo político, disimula la oposición entre el conjunto de las tesis políticas.
La lucha cuyo conocimiento del mundo social está en juego no tendría objeto si cada agente encontrase, en él mismo, el principio de un conocimiento infalible de la verdad de su condición y de su posición en el espacio social.
GaiaEnin